El calamar vampiro (Vampyroteuthis infernalis), una de las criaturas más extrañas de las profundidades marinas, volvió a captar la atención de la ciencia tras un hallazgo inesperado : su genoma guarda información genética ancestral que ayuda a entender cómo evolucionaron los cefalópodos mucho antes de la aparición de los dinosaurios, según un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Viena.
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Un genoma gigante que sorprendió a los científicos
El análisis del ADN de este animal fue obtenido de manera incidental en el océano Pacífico occidental. Mostró que su genoma alcanza cerca de 11.000 millones de pares de bases, una dimensión que lo convierte en el genoma de cefalópodo más grande secuenciado hasta ahora, incluso muy superior al humano.
Al comparar esta información genética con la de otras especies, como el pulpo común y el argonauta, los científicos detectaron que sus cromosomas conservan una organización antigua, mucho más cercana a la de los calamares actuales que a la de los pulpos modernos.
¿Pulpo o calamar? La respuesta estaba en el ADN del calamar vampiro
Durante años, los expertos sabían que pulpos y calamares se separaron de un ancestro común hace unos 300 millones de años, pero no estaba claro a cuál de los dos se parecía más ese antepasado. El estudio genético resolvió esa incógnita.
Los resultados indican que:
- El ancestro común tenía una estructura genética similar a la de los calamares.
- Los pulpos experimentaron después grandes reordenamientos cromosómicos.
- El calamar vampiro conserva esa arquitectura original casi intacta.
Esta estabilidad genética explica por qué esta especie combina características anatómicas de pulpos, calamares y sepias, lo que durante décadas desconcertó a los biólogos.
Un “fósil viviente” de la evolución marina
Más allá de su aspecto y su nombre, el calamar vampiro no se alimenta de sangre, sino de restos orgánicos que flotan en las zonas más profundas del océano. Sin embargo, su verdadero valor está en su ADN: los investigadores lo describen como un “fósil viviente genómico”, ya que actúa como una cápsula del tiempo que conserva información sobre la evolución temprana de los cefalópodos.
El estudio, publicado en la revista iScience, aporta una pieza fundamental para reconstruir la historia evolutiva de estos animales.
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