• Estas memoriales espontáneas, hechas de cantera o metal, marcan el sitio exacto de accidentes de tránsito donde familias colocan flores de cempasúchil para honrar a sus seres queridos
  • En jardineras y camellones del Periférico, veladoras, cerillos y crucifijos mantienen vivo el memoria de víctimas como Paquito o David, visitados incluso por extraños con ofrendas
  • En colonias como Apatlaco, padres como Faustino pintan murales dedicados a adolescentes fallecidos, expresando amor eterno y recordando su respeto y calma en misas anuales
  • Algunas cruces, como la de Uriel desde 2013, se abandonan bajo árboles guardianes, contrastando con altares bien cuidados que reflejan el duelo persistente de las familias
  • Miles de cempasúchiles transforman muros de contención en enormes altares colectivos, simbolizando que el cariño por los ausentes trasciende cruces de piedra o metal en las calles capitalinas