En su columna “Quitan camionetas a ministros, pero el daño está hecho”, publicada en El Universal, Salvador García Soto utiliza un episodio aparentemente menor para retratar un problema mayor: la distancia entre el discurso de austeridad y la práctica real del poder en el nuevo orden político.

El columnista recuerda que la adquisición de camionetas de alta gama para ministros de la Suprema Corte fue justificada inicialmente como una necesidad operativa. Sin embargo, tras la crítica pública y el escándalo mediático, vino el repliegue apresurado: se retiraron los vehículos y se intentó cerrar el tema como si nada hubiera pasado. Para García Soto, el daño ya estaba hecho.

El punto central no es el uso o no de camionetas oficiales, sino la incongruencia. Quienes llegaron al poder con la bandera de la austeridad, la sencillez y el rechazo a los privilegios del pasado terminaron reproduciendo exactamente aquello que decían combatir. El problema, subraya el autor, no es el costo material del gasto, sino el costo simbólico de la mentira.

García Soto apunta que el episodio confirma una constante: la austeridad ha sido más un recurso retórico que una política coherente. Se exige sacrificio hacia abajo mientras se toleran excesos hacia arriba, siempre y cuando no generen demasiada incomodidad pública. Cuando el escándalo estalla, se corrige la forma, pero no el fondo.

El recule de la Corte , lejos de reparar el agravio, evidenció la falta de transparencia y la improvisación con la que se toman decisiones que afectan la credibilidad institucional. En un contexto de desconfianza generalizada hacia las instituciones, estos episodios alimentan la percepción de que el poder sigue siendo un espacio de privilegio, aunque ahora se disfrace con un lenguaje distinto.

Quitar las camionetas no borra la incongruencia ni devuelve la credibilidad perdida. La austeridad no se demuestra con correcciones tardías, sino con coherencia cotidiana. Cuando quienes prometieron sencillez terminan actuando como sus antecesores, el problema no es el vehículo: es la hipocresía del discurso.

Ministros de la Suprema Corte estrenan camionetas de lujo de más de un millón de pesos

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