Las autoridades en Estados Unidos están siguiendo con preocupación el incremento de usuarios que mediante apps se dedican a recopilar información sobre los desplazamientos de sus aviones militares para luego compartirlos a través de redes sociales.
La mayor Claire Randolph, jefa de Armas y Tácticas del Mando Central de la Fuerza Aérea (AFCENT), encendió las alarmas durante un panel de discusión titulado "Midnight Hammer: Lessons Learned", organizado por el Mitchell Institute for Aerospace Studies en enero de 2026. Sus palabras fueron directas y sin rodeos.
"Hay cuentas de Twitter de gente cualquiera que simplemente estudia a dónde van nuestros aviones y lo publica… lo consolidan. Si analistas de Estados Unidos hicieran eso, lo consideraríamos secreto o quizás incluso alto secreto. Pero eso está disponible en internet abierta," declaró Randolph.
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Apps de rastreo de aviones militares: la amenaza que nadie veía venir
El problema central tiene su origen en la tecnología ADS-B (Automatic Dependent Surveillance-Broadcast), un sistema que transmite la posición, altitud, velocidad e identificación de una aeronave aproximadamente una vez por segundo. Plataformas como Flightradar24 capturan esas señales y las muestran en mapas interactivos accesibles desde cualquier teléfono celular o computadora, sin costo y sin restricción alguna.
Lo que hace particularmente sensible esta situación es el llamado "efecto mosaico": cada dato por separado puede parecer inofensivo, pero cuando los analistas de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) combinan número de cola, ruta, altitud y patrones de comportamiento, el resultado puede equivaler a inteligencia clasificada.
Desde 2023, la propia Fuerza Aérea le dijo a la revista National Defense que el rastreo civil de vuelos es "una amenaza directa" a su capacidad de conducir operaciones aéreas militares en todo el mundo. El problema lleva años gestándose, pero ahora es imposible ignorarlo.
Rastrear aviones de combate en tiempo real: así opera la comunidad OSINT
Cuentas especializadas en redes sociales siguen en tiempo real los movimientos de aeronaves sensibles, identificando despliegues antes de que el Pentágono los reconozca oficialmente. Si bien cazas como el F-22 Raptor cuentan con tecnología furtiva stealth que les permite evadir radares convencionales, aeronaves de soporte como los aviones de repostaje KC-46 Pegasus o los transportes estratégicos C-17 Globemaster III sí transmiten señales ADS-B visibles en plataformas como Flightradar24.
Este detalle es clave para los analistas OSINT: aunque un F-22 no aparezca en los sistemas de rastreo civil, la presencia simultánea de un KC-46 en una zona específica puede revelar indirectamente que una misión con aeronaves furtivas está en curso, ya que los cazas de quinta generación requieren repostaje en vuelo durante operaciones de largo alcance. Así, rastrear el avión de apoyo equivale, en la práctica, a inferir la ubicación aproximada del avión invisible. Plataformas como Flightradar24 permiten incluso configurar alertas personalizadas: cuando una aeronave de interés despega, el usuario recibe una notificación inmediata en su teléfono.
La mayor Randolph identificó la seguridad operacional como un desafío que tomó por sorpresa a los planificadores militares. Mover cientos de aviones a través de múltiples países para un ataque coordinado es inherentemente difícil de ocultar cuando observadores civiles monitorean cada movimiento en vivo.
La pérdida del elemento sorpresa es quizás el riesgo más concreto. Si un adversario sabe con horas de anticipación que cazas o bombarderos se dirigen a una zona específica, los pilotos podrían enfrentarse a defensas antiaéreas ya activadas y preparadas, poniendo en peligro sus vidas.
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